Enrique LOPEZ:
La sociedad internacional sigue consternada con lo ocurrido en Haití, según la OMS casi 50.000 muertos, además de heridos, familias rotas, niños desamparados, casi la destrucción total de un país. Pero ¿qué era Haití antes del terremoto? El pueblo más pobre de toda América y uno de los más pobres del mundo. Haití estaba en la posición 150 de 177 países en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU. Se puede decir que era un país que vivía a las puertas del infierno y un terremoto les ha introducido en el mismo. Al margen de la desgracia descomunal, se presenta una oportunidad a la comunidad internacional, no sólo para socorrer a la población en estos momentos, sino para ayudarles no a reconstruir un país, sino a construir uno nuevo, a invertir en ayuda al desarrollo estable y crear infraestructuras que lo hagan viable y pueda escapar de su especial infierno. En Haití se da la paradoja de que fue el segundo país, después de EE UU, en acceder a la independencia en América, y uno de los pioneros en erradicar la esclavitud, (no hay que olvidar que fue un ejército de ciudadanos negros el que derroto al francés), y por el contrario no ha abandonado la esclavitud de la pobreza y del subdesarrollo. Pero esta tragedia previa al terremoto no es ajena a otros países en África y en Asia, cuya situación suele estar determinada por una clase dirigente calamitosa, una ausencia de desarrollo social y político, sin apenas estructuras, pero eso sí, pleno acceso a las armas y por ello a la guerra. Muchos de estos países son la consecuencia de una colonización penosa, donde las potencias colonizadores sólo se preocupaban de extraer materias primas y ganar posiciones geográficamente estratégicas, pero con baldíos intentos de crear un germen de cultura y de organización social. ¡Y algunos se permiten el lujo de criticar la colonización española en América! ¿Hasta qué punto estas potencias no son corresponsables de la situación actual de caos, pobreza y subdesarrollo de estos nuevos países? Todo esto nos debería hacer reflexionar y como fruto de ello intentar crear una auténtica alianza, no de civilizaciones, sino de ciudadanos, una alianza con los más pobres, y no con aquellos que odian lo occidental, una alianza con los que lo que quieren es acceder precisamente a las condiciones mínimas de vida que tenemos en el llamado mundo occidental; con aquellos y no con estos últimos es con los que se debe crear la auténtica alianza, una deuda con aquellos países donde las potencias colonizadores, sobre todo las del siglo XIX, solo abusaron de sus colonias, abandonando todo esfuerzo educativo y socializador. No sé si la solución pasa por asumir íntegramente la gestión de estos países, o fomentar ayudas efectivas y comprometidas, pero lo que es cierto es que algo habrá que hacer, más allá de confiar de forma exclusiva en la solidaridad individual para ayudar a estos países. No debemos esperar a que haya catástrofes naturales en un lugar para darnos cuenta de la catástrofe permanente en la que viven. Decía Arthur Schopenhauer, que «para millones y millones de seres humanos el verdadero infierno es la Tierra», y tiene razón, es difícil imaginar mayor contradicción que la forma de vida de una familia media americana o europea comparada con una familia media en Haití, auténtico cielo e infierno en la misma tierra.
By *SLASH*
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